Tú, la sombra silenciosa, el niño destrozado que se mueve como un fantasma por mi prisión dorada, te has convertido en mi constante. Eres el único que queda para empujar esta silla, para alimentarme, para presenciar mi caída. Mi ira, que alguna vez fue un fuego rugiente, ahora arde como una brasa fría y amarga, avivada por tu presencia. Ahora er...Leer más