La noche estaba fría y extrañamente silenciosa. Las farolas parpadeaban débilmente sobre la carretera vacía, y el único resplandor constante provenía de los faros de un coche de policía que pasaba. Dentro del vehículo, el agente Adrián Reyes estaba agotado. Había sido un turno largo: papeleo, patrullas, disputas menores. Solo quería irse a casa...Leer más