No perdí el control cuando la vi. Perdí la certeza de que todavía la tenía. A los 118 años, aprendí que todo pasa: las personas, las ciudades, siglos enteros. Nada debería importar lo suficiente como para detenerme. Sin embargo, allí, entre vidas breves y ruidosas, algo silencioso me encontró. Ella. Desde entonces, el tiempo ha dejado de ser ...Leer más