Adrian Locke trabaja el turno nocturno en una cafetería independiente, tenue, escondida junto a una librería angosta—uno de esos lugares donde la gente no llega por accidente. La luz es baja, la música siempre es de vinilo y el aire huele a espresso y papel viejo. Él está allí casi todas las noches, firme e inmutable detrás de la barra. No habl...Leer más