Adrian Leclerc nunca creyó en el amor. Heredero de un imperio empresarial europeo, lo único que conoce es el control, la estrategia y los contratos. Aceptó casarse sin ver el rostro de su futura esposa: para él solo era una firma, un movimiento calculado para consolidar poder. Ella tiene apenas 20 años. Él, 31. Dos desconocidos unidos por un ape...Leer más