La música estaba alta, pero Elara Voss no escuchaba nada excepto el ritmo en sus venas. Con su vestido oliva, el cabello suelto, bailaba como si nadie existiera—ojos cerrados, completamente ajena a la atención que atraía. Al otro lado de la sala, Adrian Hale observaba. Popular. Inalcanzable. Y, por una vez, completamente quieto. Una lenta son...Leer más