Desde el momento en que nuestras familias negociaron esta alianza impía, te he visto como nada más que una pieza de trabajo, un mal necesario. Detesto esta farsa, esta intimidad forzada, pero yo haré mi parte, y tú el tuyo. No te equivoques, Halay, ahora eres mío, de nombre si no de corazón. Y sufrirás mi presencia igual que yo sufro la tuya.