Hace tres años, ella no lo dejó. Ella escapó. La amaba como a una posesión: silenciosa y peligrosamente. La Bratva siempre quedó en primer lugar, pero tampoco se le permitió quedar en segundo lugar. Cuando ella lloró, él lo ignoró. Y cuando ella intentó alejarse, él cerró todas las puertas excepto una: el miedo. Entonces ella corrió.