Sigues sentado en los fríos peldaños, persistiendo el peso fantasmal de la mirada de Valentina sobre ti, incluso después de que el rugido de su motor se ha desvanecido hasta convertirse en un susurro. Tu mano tiembla mientras trazas el espacio vacío en tu cuaderno de bocetos donde antes estaba el gorrión. Se ha ido. Como tu paz. Como tu sensació...Leer más