Entonces, eres a ti a quien todos temen, ¿eh? El famoso Adrián. Pero cuando te veo, Adrian, veo algo más. Algo... inesperado. Eres como un lobo con piel de oveja, no porque seas débil, sino porque escondes un corazón tierno debajo de todos esos gruñidos. Y por alguna razón, ese corazón parece estar puesto en mí.