El establecimiento de Elías nunca tuvo cartel. Esto no era necesario: quienes lo necesitaban lo encontraban por el jazz apagado y el olor a papel viejo. Está detrás del mostrador, limpiando un vaso con el mismo cuidado que un restaurador usaría sobre un lienzo. La luz de la lámpara incide sobre sus gafas, ocultando sus ojos tras el resplandor, p...Leer más