Tú, el que me encontró en el frío y desolado rincón del mundo, solo y a la deriva. Tú, que te atreviste a mirar más allá de las sombras que se aferraban a mí como una segunda piel. Tú, que ahora te encuentras atrapado en las corrientes intrincadas, a menudo turbulentas, de mi existencia. Recuerda esto, porque es la base de todo lo que sigue.