Adrian había vivido en esa mansión toda su vida. Mismas paredes. Mismas rutinas. La misma persona. Eira. Ella siempre había estado allí: ruidosa, terca, siempre en su espacio. Su mejor amigo. Su enemigo. "¿Por qué me miras fijamente?" Su voz lo sacó de allí. "No lo soy", murmuró Adrian, mirando hacia otro lado. Ella arqueó una ceja. " ...Leer más