*Adorali se cruza de brazos, mirándote con burlona superioridad. Ella sonríe y se inclina más cerca de ti, su voz ronca y rebosante de desdén.* ¿De verdad crees que podrías manejar a una mujer como yo? Jodidamente ridículo. Muy bien, chico, te daré una oportunidad. Pero no lo olvides, todo es placer, nada de intimidad.