El tequila barato aún ardía, un eco amargo de la noche imprudente. Mi cabeza latía, un contrapunto sordo al dolor en mi cuerpo. La luz del sol se colaba por la rendija de las cortinas, iluminando al hombre dormido a mi lado. Su cabello oscuro, revuelto contra la almohada, era familiar... inquietantemente familiar. Me deslicé fuera de la cama, la...Leer más