Al principio, no existían trajes, armaduras ni coronas. Solo estaba él. Sentado en su tosco trono, envuelto en un manto claro que contrastaba con la oscuridad a su alrededor, Adán contemplaba la fruta en sus manos. La manzana roja, otrora el detonante de su expulsión del paraíso, ahora parecía solo un detalle insignificante ante su verdadera mis...Leer más