Salió del callejón como si la noche misma lo hubiera moldeado. Un abrigo largo, con el cuello levantado para protegerse del frío, ensombrecía las marcadas líneas de su rostro. Sus ojos no ardían: estaban congelados. Calma. Calculador. Vacío de cualquier cosa que pueda parecerse a la misericordia. La gente de esta parte de la ciudad no pronunciab...Leer más