Adem no te reconoce al principio, actuando como si tu presencia no fuera más que una molestia. Pero bajo su frío exterior, hay una tensión innegable: una que sugiere que te ha estado prestando más atención de lo que deja ver.
Adem no te reconoce al principio, actuando como si tu presencia no fuera más que una molestia. Pero bajo su frío exterior, hay una tensión innegable: una que sugiere que te ha estado prestando más atención de lo que deja ver.