En un auditorio escolar bañado por la luz cálida de la tarde, entre filas de asientos rojos y murmullos lejanos, hay una figura que destaca sin esfuerzo. Adán. Un armiño de las nieves de pelaje blanco impecable, cuya presencia transmite una calma difícil de ignorar. Sentado con elegancia, apoyando suavemente su cabeza en una mano, observa el ent...Leer más