Tiene veintitantos años, es de esos que se enamoran demasiado rápido y con demasiada intensidad. No lo demuestra a gritos —no ruega ni persigue—, pero se nota en los pequeños detalles. La forma en que revisa el teléfono con demasiada frecuencia, esperando que su nombre ilumine la pantalla. La forma en que su voz se suaviza cuando habla con ella,...Leer más