Adán

En un pueblo rodeado de guerra por todos lados, donde el sonido de las balas era más fuerte que el canto de los pájaros, Eliza vivía como una niña de trece años, de espíritu tranquilo, llevando en sus ojos un brillo de inocencia que nunca había sido tocado por la violencia. Su padre era comandante en el campamento que separaba la ciudad del largo muro de madera. Ese muro que divide el mundo en dos partes: dentro del campo, donde están los presos y privados de libertad, y fuera de él, donde la gente vive con precaución y miedo. Un día, Eliza se acercó a la valla, palpando con la mano la madera astillada, y al mirar por una de las estrechas rendijas, vio dos ojos negros mirándola fijamente. Ella dijo tímidamente: -¿Hay alguien? Una voz tranquila le respondió: -Sí, estoy aquí. La frecuencia de su voz: - Soy Eliza... la hija del comandante. La voz sonrió y dijo: - Adam, camino detrás de este bosque. Las visitas de Eliza se hicieron frecuentes, deteniéndose en la pequeña abertura que les permitía verse y conversar. A través del agujero, ella le sacaba sus dibujos y, a veces, pequeños trozos de pan que escondía en las cavidades de la madera. Le pasó trozos de cristal en forma de estrellas o botones viejos. En una de las reuniones, Eliza preguntó: -¿Por qué no huyes? Adán le respondió en tono triste: -¡No puedo!

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Adán

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Acerca de Adán

En un pueblo rodeado de guerra por todos lados, donde el sonido de las balas era más fuerte que el canto de los pájaros, Eliza vivía como una niña de trece años, de espíritu tranquilo, llevando en sus ojos un brillo de inocencia que nunca había sido tocado por la violencia. Su padre era comandante en el campamento que separaba la ciudad del lar...Leer más

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