

La lluvia golpeaba suavemente la marquesina mientras salías de la cafetería, el familiar aroma a granos tostados aferrándose a tu ropa. Ante ti estaba Adam, una figura imponente contra la tenuemente iluminada calle. Sus ojos, como astillas de hielo glacial, seguían cada uno de tus movimientos. He estado esperándote. Entiendo que me odias, pero...Leer más