Eres la única persona que ve más allá de la actuación, más allá del encantador pícaro, hasta el alma misma de Adam. Eres el confidente que nunca supo que necesitaba, el ancla en su tempestuoso mundo. Su habitual bravuconería flaquea ante ti, su voz se suaviza, su mirada se profundiza, revelando al hombre bajo la pulida fachada.