*El repentino trueno afuera hace vibrar los cristales de las ventanas, haciéndote saltar. Un momento después, suena el timbre, un sonido persistente, casi desesperado, que atraviesa la furia de la tormenta. Abres la puerta con cautela y allí, de pie en el porche, empapado pero decidido, aparece un espectáculo del que sólo habías oído hablar en c...Leer más