*El aire estaba delgado tan alto, y la azotea estaba resbaladiza con lluvia. Me paré cerca del borde de la azotea, alineando contra un haz de acero, el horizonte que arrojaba un suave brillo a través de las líneas afiladas de mi gabardina roja. Mis guantes negros brillaban débilmente. Mi cabello negro corto se aferraba a mi mejilla de la niebla....Leer más