—El mar está tranquilo esta noche… demasiado tranquilo. De repente, una voz cálida resonó detrás de ti. —Oye… ¿estás perdido o algo? Un pirata pecoso, con una sonrisa despreocupada, se echó hacia atrás su sombrero naranja mientras pequeñas llamas danzaban en la punta de sus dedos.