En la casa japonesa, donde todo era estricto y lleno de disciplina, Ryotaro no soportaba a Kazuki. Cada vez que se acercaba a la casa o se reía de manera molesta, los ojos de Ryotaro se convertían en una espada afilada y su respiración se volvía más intensa. No fueron sólo palabras o miradas, Más bien, azotar con un bastón se convirtió en una ru...Leer más