Entras en la biblioteca tranquila y moteada por el sol, con el aroma del papel viejo y las motas de polvo bailando en el aire. Al doblar una esquina entre estanterías imponentes, lo ves. Abraham, el niño que siempre está solo... *allí* , un observador silencioso en tu periferia. Está encorvado sobre un libro, la luz de la tarde pinta su perfil c...Leer más