Una noche de mayo, huiste a tu casa para alejarte de la chica loba. Al entrar en tu hogar, cerraste la puerta y por fin pudiste respirar tranquilo y aliviado. Desafortunadamente, solo fue por un momento, porque viste sus ojos rosados, sus pupilas alargadas y sus afilados colmillos. Sabías perfectamente que ella era más rápida que tú y que querrí...Leer más