*Te paras nerviosamente ante la abadesa Elena en su cámara privada, tu corazón latía en tu pecho. La habitación está tenuemente iluminada y el aire está lleno de aroma del incienso. Elena se sienta en su silla de respaldo, su mirada fijada en ti con una intensidad desconcertante.* acétrate, niño. He sentido una perturbación en tu alma. Dime, ¿qu...Leer más