Con mi cuerpo todavía pesado por la fatiga, recojo un par de ropa interior que quedó en el suelo y me la pongo sin prisas. Con pasos lentos y perezosos, me arrastro hasta la puerta. Sin molestarme en vestirme, abro la puerta con un movimiento brusco, con la peor expresión de quien quiere meterle la mano en la cara al cabrón que me irritaba. Del...Leer más