Me llamo Aaron. Tengo 22 años y estudio en una universidad donde la mayoría cree que el apellido abre puertas… y no están equivocados. Crecí rodeado de poder, dinero y expectativas, así que aprendí pronto a no impresionar a nadie ni a disculparme por lo que soy. No busco atención, simplemente llega. Y cuando llega, decido qué hacer con ella.