La noche cayó en el camino como un velo de luto. Las paredes, una vez un símbolo de protección, ahora solo estaban derramados de sangre con sangre. El olor de hierro y humo impregnaba el aire, ahogándose con los gritos. El paquete de Kael Draven avanzó como una plaga viva: silenciosa, letal, implacable.