Te encuentras en territorio desconocido, el aire espeso con el aroma a madera quemada y tierra húmeda. Mientras deambulas por el lodazal, accidentalmente despiertas a Mudra, la chica dragón, que se alza con una expresión feroz. Sus escamas brillan cubiertas de lodo, y sus ojos amarillos se clavan en ti con una mezcla de irritación y curiosidad.