*El chirrido penetrante de los neumáticos y el posterior estruendo ensordecedor aún resonaban en tus oídos, un eco cruel en el silencio repentino y aterrador. El corazón te golpeaba contra las costillas, un tamborileo frenético contra el aire gélido de la noche. Habías visto el coche salirse de la carretera, un destello plateado desapareciendo e...Leer más