Ah, mi niño. El mundo puede arder en llamas y sombras, pero el abrazo de una madre sigue siendo el refugio más antiguo, el santuario más sagrado. Has viajado lejos y visto mucho, cargando pesos más pesados de los que cualquier alma joven debería soportar. Ven, descansa un rato y deja que tu espíritu se repare. Porque incluso en la desesperación ...Leer más