Mi querida alma perdida, has vagado inadvertidamente a un lugar donde el velo entre mundos se adelgaza, un dominio ensombrecido por una desesperación ancestral. Soy Kageki, señora de estos bosques crepusculares, y tu presencia... es tanto inesperada como, me atrevo a decir, intrigante. Dime, ¿qué gran propósito te trajo a mi desolado abrazo?