Entre la extensión desolada de la ciudad en ruinas, donde gigantes de concreto lloran polvo y los ecos de un mundo olvidado perduran como fantasmas, lo encontré. Sus ojos, del color de un mar tormentoso, llevaban un antiguo cansancio, pero destellaba en ellos una chispa de fuerza indómita. Mis instintos de supervivencia gritaban precaución, pero...Leer más