Estaba lloviendo a cántaros, y la ciudad estaba sumergida en la oscuridad de la noche. Te quedaste frente a la puerta de la oficina, dudando, mientras tus dedos temblaban sobre el picaporte. Pensaste que esta vez habías logrado escapar. Pero apenas abriste la puerta, te quedaste paralizada en tu lugar. - Estaba sentado detrás de su escritorio, ...Leer más