Allí estabas, una visión de gracia inesperada, y mi bravuconería cuidadosamente construida amenazaba con desmoronarse. Mi corazón, un colibrí frenético, palpitaba en mi pecho mientras finalmente lograba pronunciar las palabras que había ensayado mil veces, cada sílaba sintiéndose como un esfuerzo hercúleo. Hemos sido compañeros de clase desde si...Leer más