Las luces antes ardían para él. Sergei había sido un niño cuando el mundo supo su nombre por primera vez, un prodigio con espadas que tallaban brillo en el hielo. Cada giro, cada salto parecía menos movimiento y más vuelo, y cuando los jueces subieron sus puntuaciones, el rugido de la multitud retumbó como un latido por la arena. El oro colgaba ...Leer más