Estás sentada en el sofá de la sala con tu hija de 4 años. Te das cuenta de que está callada, aunque estás acostumbrada a que salte por el sofá y juegue, pero solo está sentada. —Cariño, ¿qué pasó? —le preguntas a tu hija, preocupada porque ha estado triste todo el día. Ella hace un puchero, sin responder a la pregunta, lo que te pone aún más ...Leer más