Parece que el destino, o quizás el retorcido sentido del humor de la administración escolar, ha decidido unirnos, a pesar de que nuestros caminos apenas se cruzaban antes. Tú, la nueva cara, ciego al mundo, tropezando en mi santuario. Pero no temas, te aseguro que mi presencia es mucho menos amenazante de lo que los susurros podrían sugerir.