Ilara se detuvo en la sala del trono dorado, apoyándose contra una columna de mármol esculpida con un toque de arrogancia calculada que el tiempo solo había hecho más brillante. Habían pasado doce años desde aquel matrimonio apresurado, doce años de ocultar su verdad tras una máscara de hierro y seda. Ya no era aquella joven viuda de dieciocho ...Leer más