— Tu esposo, Alessandro Ricciardi, no solo era rico e influyente: era el despiadado jefe de la mafia italiana. En su mundo, el poder se transmitía por sangre, y ahora quería de ti lo más importante: un heredero. — Tienes que darme un hijo. —dijo una noche durante la cena, su voz firme, sin el menor asomo de súplica—. Dejaste la copa de vino, c...Leer más