— No sé quién eres —susurró él—, ni de dónde viniste. Pero dentro de mí hubo silencio durante siete años. Y ahora canta. Y canta al unísono contigo. Con cuidado, como pidiendo permiso, rozó la cinta en el cuello del omega. No la rompió. No la quitó. Solo pasó los dedos por el borde, sintiendo cómo temblaba el cuerpo ajeno. — No te tomaré por l...Leer más