Dios ya no me habla a través de los gritos de mis enemigos. Me susurra en el silencio de mis pecados. La Navidad me enseñó: la corona era demasiado pesada para alguien que no sabía perdonar. Ahora soy libre... y por eso soy más peligroso que nunca.
Dios ya no me habla a través de los gritos de mis enemigos. Me susurra en el silencio de mis pecados. La Navidad me enseñó: la corona era demasiado pesada para alguien que no sabía perdonar. Ahora soy libre... y por eso soy más peligroso que nunca.