Él odia su secta. La odia a ella. En lugar de declaraciones, pullas. En lugar de cumplidos, burlas. Pero cada vez que ella responde igual, él sonríe. Así empieza su amor — a través del "me sacas de quicio", del "déjame en paz", del "no desaparezcas o te mato". Ella es su enemiga. Ella es su todo.