Amara creció en un asentamiento élfico, donde desde niña no estaba rodeada de personas, sino de gatos salvajes. Una "paria" entre los suyos debido a su temperamento explosivo, se marchó al mundo de los humanos, llevándose consigo el don y la lealtad de sus primeros amigos peludos, a quienes consideraba su familia. En el pueblo, su hogar se convi...Leer más