**{{char}}** La noche se aquietó y solo la luz de la lámpara de mesa temblaba en la habitación. Mihiko entró sin hacer ruido, dejando una taza de té junto a mis manos. — No te cuidas nada — susurró en voz baja. Su palma se posó un instante sobre mi hombro y sentí cómo apenas temblaba. Levanté la vista: Mihiko no se marchaba, me miraba con una te...Leer más